Sucede que anoche me pasó algo increíble, al oído y en medio de un polvo clandestino el sujeto en cuestión me dijo _me calientas_ eso era de esperarse, pero lo que vino después fue lo excepcional, siguió hablando y dijo –tú haces que se me pare y no siempre pasa eso- y ahí choque con toda la tradicional historia machista, y entre ahorcajada y ahorcajada, me preguntaba si el gil, al que me estaba tirando sería bien hombre o demasiado viejo para estos estertores. Y allí seguía yo, preguntándome, quién diablos me había metido en esa locura. Sin embargo, no hice más que mirarlo para darme cuenta que estaba puro hueviando, su carita borracha, drogada, me inspiró ternura. Lo ví como Nicolás Cage en Leaving in Las Vegas, tan borracho que no se daba cuenta que se estaba matando, risueño me decía que el día había sido un largo aperitivo, y a mi se me partía el alma, sabiendo que hace rato que veníamos tomando como condenados. Entonces, me repetía arranca cabra, que soldado que arranca sirve para otra guerra, esta no la pasas dos veces. Porque encontrarse con un alcohólico en la vida es mala suerte, pero dos ya es karmático. Pero su infante postura me enlazaba contrastando con la vanidosa idea que tenía él mismo de su existencia. Yo jugaba a hacer que le creía, lo grooso, lo bacán, sabiendo en el fondo que era más huérfano que toda

Estimada Francisca
Me agrada tu audacia y desenfado, aun cuando creo que en este registro tu voz no es tan original como en el estilo del poema nostálgico -new romantic- anterior.
Aquí suenas ecos como la obra de Andrea Maturana, aunque creo que el caso de Andrea hay un relato más difuminado que le otorga cierta sofisticación y lo hace ir un poco más allá de los lugares comunes de lo erotico y poco más aca que el relato de tesis con pretensiones trascendentes -tantoética como estilisticamente.-
Con aprecio
Adolfo
Adolfo Vásquez Rocca
-----------------
Adolfo Vásquez Rocca PH. D.
adolfovrocca@gmail.com